ASOCIACIÓN ANTIGUOS ALUMNOS REDENTORISTAS Y CORO SAN ALFONSO
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QUIERO HACER HISTORIA

 

                                     

                              Pasan los días, pasa la vida... y el corazón lo llevo a rayas

 

Pasan los días, pasa la vida… Aún no sabemos si aprobaremos el examen cuando escribo estas líneas y pasamos la primera fase de confinamiento en Granada. Y la vida continúa entre claros y oscuros, entre alegrías y penas, entre días buenos y nostalgias, y proyectos que se perdieron en la agenda y en el calendario de los tiempos.

A un niño el párroco le pregunto: “Si los niños buenos tienen el alma blanca y los niños malos el alma negra, tú, Pepito ¿cómo la tienes?”. Pepito contestó: “A rayas, señor párroco, a rayas”. Pues a rayas tengo yo mi corazón también en estos momentos.

Durante estos casi dos meses de cautiverio ha habido muchas cosas hermosas y bellas: la  primavera no se ha detenido, las flores, los pájaros, los animales, la luna… han vuelto a salir. Lo que Dios ha creado ha seguido su rumbo, sereno, tranquilo, sin sobresaltos, incluso la naturaleza y los animales han ganado terreno desbancando al hombre y viniendo a visitarlo a la puerta de la casa, como hacían en el paraíso al atardecer con Adán y Eva.

Pero lo que el hombre ha creado no ha seguido el mismo rumbo. No hemos sabido, o no hemos querido, a veces, primar lo bello sobre lo feo, lo solidario frente a lo insolidario, el compartir frente al dinero, el servicio frente al poder, los egoísmos personales, nacionales o internacionales frente al mundo que Dios había pensado y se había imaginado de otra manera… Y nos creíamos que así estaban bien las cosas y nos habíamos sentado satisfechos a descansar y disfrutar.

Y pasó el día primero, y el segundo, y el tercero… Y llegó el séptimo y se nos vino todo abajo. Pensábamos que éramos los reyes de nuestro mundo, al que podíamos manejar a nuestro antojo, y nos hemos dado cuenta de que un “bichito minúsculo, enano, feo y sin entrañas” nos hace volver a otra realidad, a otros parámetros, a otra forma de pensar y hacer las cosas. Y nos pone de rodillas y nos obliga a decir que no somos nada ni nadie.

En este claro oscuro han brillado con luz propia los médicos, enfermeros y enfermeras, conductores de ambulancias o camiones, limpiadoras de centros de salud, cajeras de supermercados, capellanes de hospitales, los que han hecho de las redes un lugar de acogida religiosa o humana, gentes que han seguido cultivando el campo para darnos de comer, los que recogen las basuras o limpian y desinfectan las calles cada día. Y tantas y tantas personas anónimas en las casas que han sido y son luz, ayuda, ánimo, cercanía y cariño.

Pero ha habido también, hay y habrá, mucho dolor y ese dolor lo tengo dentro. El dolor por los que se han ido sin poderlos despedir de una manera digna y familiar, sobre todo en los primeros días de desconcierto, cuando muchos políticos no estuvieron a la altura que se esperaba de ellos o nos correspondía esperar. ¿Lo están ahora? También yo, nosotros los redentoristas, hemos sufrido en propia carne este drama y esta tragedia.

El dolor por los más débiles y desfavorecidos, cuando los mecanismos sociales de ayuda se han visto mermados drásticamente y los apoyos religiosos y filantrópicos apenas tienen capacidad y medios para paliar todas estas necesidades.

El dolor por las familias en paro, por las empresas chiquitas o los autónomos que no volverán abrir o lo harán con tantas cortapisas que será un sobresalto diario poder generar lo suficiente para subsistir.

¿Cuándo acabará esta pesadilla? ¿Tendremos que vivir con ella mucho tiempo o todo el tiempo del mundo como el que tiene una pierna mal, un brazo con artrosis o un dolor de muelas permanente? ¿Nacerá otro mundo diferente, más solidario, menos egoísta, más religioso, menos materialista, menos hedonista, más sencillo y fraternal, más familiar y cercano?

Uno siempre sueña, aunque los sueños, sueños sean. Sueño era que Conchita y Francisco llegaran a venerables y han llegado. Que Conchita fuera beatificada y llegará pronto.

Tendremos todos que apretarnos el corazón para exprimir sueños, utopías y deseos nuevos, formas de comportamiento diferentes y recuperar valores que habíamos dejado en el baúl de los recuerdos como inservibles o no necesarios.

Sí, el corazón lo tengo a rayas. Pero abriré la ventana para que el Sol con mayúscula me ilumine. Solo Él puede dar fuerza a mis brazos cansados, a nuestra mente tan poco creativa, a nuestra solidaridad a veces mermada. Y al lado de Él estará siempre ella, la Madre, Perpetuo Socorro que en sus brazos tiene también un niño con el corazón a rayas, porque unos ángeles no le traen buenas noticias. Le hablan de una cruz, de una corona de espinas, de lanzas y esponjas… ¿Qué niño tiene ahora, en estos momentos inciertos, Ella en su seno con el corazón a rayas?

¿Acaso no eres tú?

¿Acaso no somos todos y cada uno de nosotros?

 

 

Laurentino Pineda Hernando

CSsR. Rector Santuario  Perpetuo Socorro de Granada. Coordinador AREAS 

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