ASOCIACIÓN ANTIGUOS ALUMNOS REDENTORISTAS Y CORO SAN ALFONSO
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SER POETA... abierto a todos 

JUAN MANUEL RODRÍGUEZ CABRERO

Contenido de esta página

>Navidad

>Crespones para las Aulas 

>Recordando a Ana

>Luparia Literaria

 

 

 

 

Juan Manuel Rodríguez Cabrero,

Antiguo Alumno Redentotrista de Santa Fe,  Promoción 1960-61.

 

           Cursó el Bachillerato Elemental en Santafé entre 1961 y 1965. En las aulas del Seminario Menor de los Padres Redentoristas descubrió la poesía y empezó a amarla con la lectura y la escritura. Tras un largo paréntesis de casi 25 años apartado de ella, volvió a cultivarla con diversa intensidad desde 1990 hasta hoy. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Valencia, se estableció en 1978 en Madrid, donde actualmente reside. Aquí empezó ejerciendo la docencia como profesor de bachillerato en un colegio privado hasta que en 1991 pasó a la enseñanza pública. Hasta su jubilación en 2013 ha impartido Filosofía, especialidad en la que se licenció, y Latín.

 

LLUVIA OTOÑAL

La lluvia de octubre

abreva los campos:

ya estaban resecos

los olivos blancos.

 

Crepitan las cepas

de amarillos pámpanos

ebrias de racimos

negros y dorados.

 

Verdean las siembras

de surcos exhaustos

y el labriego sueña

graneros lozanos.

 

El pastor paciente

acaricia prados

jugosos, delicia

del lanudo establo.

 

El arroyo triste

de cauce olvidado

croará de nuevo

y, entre juncos magros,

alzarán libélulas

su vuelo azulado.

  RENACERÁ LA ROSA

El piano de la lluvia melodiosa

Solaza el corazón cansado y frío.

Tarde otoñal; se eleva en el vacío

De los cielos la luna misteriosa.

¿Qué fue de la fragancia de la rosa,

Soplo fugaz en brazos del estío?

¿A dónde los despojos llevó el río

De amores arrullados en la umbrosa

Ribera? Volverán las plumas frías

A la fiebre de nidos bulliciosos.

Crepúsculos de seda sobre el yerto 

Rosal estallarán cuando tú rías,     Del fuego de tus labios, codiciosos.

                                                                                         El horizonte, azul; el mar, abierto.

                                                             Madrid, 11 y 13 de noviembre de 1997

 

                    II

Olvídate del tiempo fenecido,

Hayas libado en él, como la abeja,

El dulce néctar del amor, o en queja

Resumas tu vivir encallecido.

Si el pasado fue amable, ya se ha ido

Con más pesar del que en el alma deja

El frío desamor cuando despeja

El nubarrón un sol enternecido.

Dolor es la nostalgia; oasis breve

La aparecida paz inesperada.

Al frente, un horizonte de belleza.

Cada mañana un cielo nuevo llueve

Sobre el mundo benéfica mirada:

Todo comienza a ser; la vida empieza.

 

Madrid, 30 de noviembre de 1997

 

TAUROMAQUIA

Sombra y fuego,

En la arena plantó su cuerpo el toro

Resoplando la muerte presentida;

La testuz pregonera de la vida

Desafía al azar en tarde de oro,

Y el sedoso revuelo de la grana

Desparrama el fragor de la pezuña.

Sangre y juego.

Los primeros claveles reventaron

 en la cima de los lomos aguerridos;

el acero cabalga ensangrentado,

impune en su corácea retirada.

El bóvido ventea nuevos dolos.

Alza el vuelo el arpón de corvo pico

Revestido de fiesta y felonía

Y tres veces desciende duplicado.

La montera se pierde entre el gentío

Y un grito pendenciero corta el viento

En reto desigual ante la fiera.

 Plasma el arte en redondo la franela;

La mancilla el resuello del astado

De arreboles heraldos de la muerte.

El acero, en el aire suspendido,

Busca diana de apéndices y gloria.

Palpitante, la mole se derrumba,

 

Hundida por la astucia y su nobleza.

Bulle el ruedo.

 

Madrid, octubre 1990

         EL CIGARRILLO

Minúsculo señor de nuestras manos,

Mortífero cilindro que asesina

Camuflado en amable nicotina;

Banalidad común de los humanos

Canonizada en frívola porfía.

Amado y a la vez aborrecido,

Imposible de echar en el olvido:

Hembra que la razón descubre harpía.

Busca, inquieta, la vana fantasía

colmar el bache eterno del hastío,

y vislumbra en el clic del metal frío

la llama que conjure su agonía.

Fiel hijo de caricias tan extrañas,

El humo se aniquila en espirales

Y el fuego lo alimentan las vestales

De la muerte, pegado a las entrañas.

La papila el regusto torna sosa

Y el filtro ennegrecido dictamina

La perdida inocencia en la sentina

Del pulmón que en su día fuera rosa.

Es reloj la ceniza desechada

De minutos con ansia consumidos;

Todos hieren, certeros y aburridos,

Al monocorde son de la calada.

Y aunque ve en su sepulcro, retorcida,

La colilla entre estertores apagada,

 Tal vez de otros cadáveres rodeada,

  Nunca Sísifo valora más su vida.

                                        Madrid, 1 diciembre 1990

                                                                                                   JOVENADO

                                                                                                   1960-1965

1. Infancia

 

Sobre la verde grupa

De los chopos que en tierra de Granada

El Genil con su espuma

Nacida de la nieve nutre y lava,

El viejo corazón niño cabalga.

Ha visto rosas blancas

Posadas como suaves  mariposas

Sobre la tarde rauda;

En el jardín frailuno se recorta

La imagen de la madre, temblorosa.

Y luego, sobre ruedas

Se aleja abandonando un rastro de oro

Mientras el hijo reza

A la Virgen, turbado por el órgano

Y el  incienso de mayo, entre sollozos.

2. Pubertad

 

Hoy regreso a las rosas,

A los jardines púberes

Que crucé sin rozarlos

Como el rayo la nube.

 

A aquellos despertares

De sangre presurosa

Entre las tibias sábanas

De la lúbrica aurora.

 

A la verde chopera

De limón y de plumas

Que en el Genil conoce

Su esplendor y su cuna.

 

A la nívea paloma

De la sierra, posada

Sobre cumbres de azúcar

Que helaban la mirada.

 

La chopera de plumas,

Las auroras de sueño

Y las rosas de nieve

Que flotan en el tiempo.

NAVIDAD
El coro de zambombas y almireces
De la infancia segura, sin pasado,
Son recuerdo lejano, pequeñeces
Del frío corazón avejentado.
Emigraron los pájaros amables
De tupidos leñeros de aceituna
En busca de pimpollos entrañables
Donde seguir cantando su fortuna.
Los Reyes nuestro sueño almidonaban
En la mágica noche de luceros,
Y el claro despertar aderezaban
Con ansias de trepar a los aleros.
El rescoldo del hogar es hoy ceniza
De nombres apagados por el viento;
El puñal de la ausencia profundiza
En la veta del alma, y un lamento
Por las cálidas voces que se fueron
Brota en sangre anegado mansamente.
¿Por qué con el relámpago quisieron
Lidiar en su fulgor tan diferente?
En la grupa del tiempo cabalgamos
Por la esfera finita de los años;
Océanos azules navegamos
Rebosantes de azares harto extraños.
Mas resuenen los bronces y el pandero;
La guitarra en su embrujo nos hechice;
Que, aunque oscuro vislúmbrase el sendero,
La parra con sus frutos nos bendice.
22 de diciembre de 1990

Hola, amigos:

Cuando aún flota en el ambiente la celebración de la fiesta del maestro, y, no pudiendo desoír la invitación de Pepe del Río, que se lo merece (casi) todo, me parece oportuno iniciar mi colaboración en nuestra página de poesía con una composición que escribí pocos días después del fallecimiento de una profesora de la entonces EGB, muy querida por sus alumnos. Había sido compañera mía en el colegio privado en el que empezó mi andadura docente. Tenía ella 26 años; era 1978 y fuimos compañeros durante doce cursos. Un cáncer femenino la arrebató a la vida recién cumplidos los 52.

                                 CRESPONES PARA LAS AULAS

                                                                                               Jugaba con un tallo de mirto

                                                                                         Y de un rosal la hermosa flor, y el pelo

                                                                                           Los hombros y la espalda le tapaba”. (ARQUÍLOCO, c.650 a.C.)

 

.

 Como un árbol de otoño malherido

Suscita fantasías

De duelo y esperanza, así nosotros

Urdíamos ensueños

De pájaros en nidos bulliciosos

De alegre primavera

En medio de los más negros presagios.

Como el rayo te has ido,

Fogosa dama de las aulas.

Breve ha sido tu vuelo, como bala;

Mas no en vano, que el polen de tu risa

Esparcido con fríos y calores,

Lluvia y nieve y escarcha, sol benigno

O ardiente, multiplica

Los frutos de tu verbo arrebatado.

Morena espiga de centeno

Crecida entre trigales opulentos

Del noble campo de Torresandino,

¿qué cometa fugaz te ha seducido,

Princesa en tu palacio de ceniza?

Latía ya el verano aquella tarde

Primaveral de música y festejos:

La voz de Rosalía delataba

La “Negra sombra” oculta entre las gradas;

Allí estaba sentada, como intrusa,

Afilando la hoz para la siega.

Tu recuerdo, delgado como el viento,

Flota, ubicuo, en la luz de Peñascales.

Seguirán fecundando tus reliquias

La tierra y vivirás en otras mentes

Que no oyeron tu nombre.

Un cuadro se rebela ante el olvido:

Una rubia mañana de verano

Cinco lustros atrás (éramos jóvenes)

Se encaramó una flor de adelfa, ufana,

En la densa cascada de carbón

De tu cabeza hospitalaria.

Entre las arizónicas, aun niñas,

Tu pelo ensombrecía hasta a las sombras.

 

JUAN MANUEL RODRÍGUEZ CABRERO

8-17 de noviembre de 2004

                   Aunque extravié la datación exacta del siguiente poema, quizá haya que situarla en septiembre de 1999. Se trata, como el anterior, de una elegía en memoria de una profesora de Literatura con la que coincidí durante el curso 1994-95 en un instituto de Leganés. Terminó y también mi permanencia en este. Pero un grupo de seis o siete profesores continuamos quedando al menos una vez al trimestre para tomar unas cañas. Entre ellos, Ana, que tuvo la suerte fatal de ver anulado, como consecuencia de una consulta médica rutinaria, el viaje que se disponía a realizar, recién estrenadas las vacaciones estivales. Tuvo que deshacer la maleta y resignarse a ser tratada inmediatamente de un tumor maligno que acabaría con ella en apenas dos años. Cuando parecía que empezaba a ganar la batalla, nos invitó a su chalet a cenar una noche de finales del verano. Poco tardó en desbaratarse la ilusión de una curación malograda.

         RECORDANDO A ANA

En esta tarde azul de plátanos y chopos

Ceñidos por el traje del verano

Verde aún,

La caricia de un sol regocijante

Me regala la luz de tu sonrisa ausente.

Un año que te has ido

Y hace dos que obsequiabas con largueza

Una sencilla cena a tres amigos,

Incrédulos de gozo al verte allí sirviéndonos cerveza

Fresca como los árboles y el agua

Del estanque, que aún mece tu silueta.

¿Septiembre de 1997?

 

NOS Cuenta José Antonio Del Río....

     Su obra de Poemas es muy extensa y variada, con un estilo muy personal y diferente .
Colabora en una Web de su pueblo ( Lupion ) y da muestras en ella de su fàcil pluma y magnifico estilo.
Os recomiendo verlo y leerlo en  LUPARIA LITERARIA.
Id en esta pag. a  " partr II " Memorias y desmemorias de un chiquillo de Luparia " seguid casi hasta el final y vereis en uno de los epigrafes : SANTAFE . VED EL APARTADO 1 - 5 y 6 
( describe perfectamente como fueton sus primeros contactos con Santafe ( eleccion, examen, primer encuentro..etc)

                                                                                 PUEDES PULSAR EN EL LOGO DE LUPARIA Y TE REDIRIGIRÉ LM

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