VII.- ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS de JUAN JOSÉ GALLEGO TRIBALDOS.
Romances del LXI al LXX Clic en el nombre
LXV -Ibn Al Jatib LXIV -Manuel Cano Tamayo LXIII-Joaquina Eguaras Ibáñez
LXII-Agustín Lara LXI-Sor Beatriz y Sor Ana
ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
LXV.-IBN-AL JATIB N (Loja, 1313- FEZ 1374 ).
El poeta Ibn-al Jatib,
musulmán nacido en Loja,
escribió que su ciudad
“tenía mujeres hermosas
sanadoras de los males
que del corazón afloran”.
Médico e historiador,
filósofo y político,
el lojeño Ibn al-Jatib,
en su tiempo conocido
también cual Lisaneddín,
fue un personaje erudito
cuando reinaba Yusuf
y su hijo Muhammad V,
en cuyas cortes vivió
como asesor consultivo.
Ibn al-Jatib esculpió
poemas decorativos
en yeserías de la Alhambra
junto al fulgor cristalino
de una luz ensimismada
por matices ambarinos,
mientras el agua en las fuentes
vierte su dulce sonido.
Ibn al-Jatib destacaba
en su papel de orador
llamándosele en Al-Ándalus
“Lengua de la religión”
por su vehemente islamismo
y su afán predicador.
Innovó la medicina
con el concepto “contagio”
que derivó en cuarentenas,
siendo también obligado
el quemar las vestiduras
para frenar contagiados,
pues la epidemia de peste
era un potro desbocado
convirtiendo en mortandad
lo que encontraba a su paso.
Maestros los árabes fueron
en el uso de las aguas
regando vegas y almunias,
o en el modo de tratarlas
cual medida terapéutica
y otras múltiples usanzas
en la higiene corporal;
o simplemente escuchándola
por surtidores o albercas
de los palacios y plazas
cuando se convierte en música
para delicia del alma.
El visir Ibn al-Jatib,
puntual cronista de Alhama,
comparó con el edén
el deleite de unas aguas
que la ciudad del romance
cual un tesoro las guarda
entre barrancos y tajos
de ciclópea semblanza
donde palomas zuritas,
agremiándose en bandadas,
van y vienen por el cielo
en sus litúrgicas danzas.
Un busto de Ibn al-Jatib,
sito en el pueblo de Iznájar,
frontera que fue la llave
entre Castilla y Granada,
por la ruta andalusí
a este personaje ensalza
como fiel representante
de sabiduría islámica.
Las ciudades Loja y Fez
a Ibn al-Jatib tan ligadas,
Loja por ser el inicio
y Fez, la postrera etapa,
acordaron con acierto
el coaligarse hermanadas
enalteciendo a un visir
que tuvo suma importancia
en la corte nazarita
cuando el reino de Granada.
Trasfirió del idioma árabe
a la lengua castellana
aportes lexicográficos
de expresiones y palabras
que hoy mantienen su vigencia
en el habla cotidiana,
colaborando Al-Jatib
con su erudita didáctica
tanto en cuestiones científicas
como en jergas diplomáticas.
“Constructores de la Alhambra”,
título de una película
describiendo con detalle
los momentos de la vida
que vivió Ibn al-Jatib,
con numerosas diatribas,
siendo, a veces, poderoso,
otras, de triste deriva,
llegando a sufrir prisión
y maldades vengativas.
Siete decenas de libros
escribió Ibn al-Jatib
versando sobre la ascética,
medicina andalusí,
retórica, geografía
y el misticismo sufí,
más tratados de política
para el sultán o el cadí.
Una de las grandes obras
por Ibn al-Jatib firmada
es “La historia de los Reyes
que gobernaron la Alhambra”,
detallando con rigor
las esplendentes etapas
del poderío nazarí
en el Reino de Granada.
Finalmente murió en Fez,
con perfidia asesinado
por adversarios políticos,
que nunca le perdonaron
su sapiencia y el poder
que en la Alhambra había ostentado
en otros tiempos felices
de luminoso pasado
cuando ejerció de visir
en el nasrí sultanato.
————Con mis alhajas y mi corona
a las más bellas aventajo
y hasta mí descienden
los astros del zodíaco.
—
Quien a mí viene
quejándose de sed
mi fuente le da agua dulce
clara y sin mezcla.
—…pues el agua es la sangre
que mana de la tierra.
(“Poemas de la Alhambra”. Ibn al-Jatib)
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ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
LXIV.-MANUEL CANO TAMAYO (Granada, 1925 -Granada, 1990).
Un granadino de bien,
con afecto recordado,
es el guitarrista ilustre
don Manuel Cano Tamayo,
virtuoso instrumentista,
un autodidacta nato
que paseó por el mundo
su talento y su trabajo
convirtiendo la guitarra
en talismán consagrado.
Manuel Cano fue exponente
sin duda, en su nivel máximo,
de la guitarra flamenca
como quedó demostrado
no solamente en conciertos
bellamente ejecutados
sino en la investigación
y los múltiples trabajos,
que sobre dicho instrumento
nos dejó como legado.
Manuel Cano diseñó
nueva visión del flamenco
llevando palos del cante
a las salas de concierto,
donde pasión y dulzura
emanaban del rasgueo
que en las manos del artista
eran sonidos modélicos.
Compositor, flamencólogo,
riguroso guitarrista
de la técnica y compás
con que llegaba el artista
al alma de la guitarra,
que, a veces, estremecía
con los duendes del flamenco
ebrios de melancolía
y otras muchas deleitaba
al tocar por alegrías.
Él era ingeniero técnico
pero su pasión sería
el mundo de la guitarra,
con tanta unción y maestría
que a ella se encadenó
hasta el final de sus días.
Nueva visión del flamenco
forjando con ello escuela,
siendo el alumno dilecto
su hijo a quien el padre enseña
el arte de la guitarra
con sutil delicadeza
que José Manuel asume
y ejecuta con destreza.
En la ciudad cordobesa
se creó la primera cátedra
de la flamencología,
que Manuel Cano ganara
y donde estuvo unos años
hasta volver a Granada,
en cuyo conservatorio
continuó la enseñanza
sobre ese instrumento mágico
denominado guitarra.
Manuel Cano recibió
potestades de Ángel Barrios
de quien se sintió discípulo
y heredero muy cercano
a la hora de interpretar
los ecos sacromontanos
desde el flamenco más puro
al embrujo más gitano.
Con su amigo Andrés Segovia
colaboró Manuel Cano;
también con el gran poeta
Manuel Benítez Carrasco,
trenzando en guitarra y versos
los “musicales diálogos”;
igual con Dori Ferrer,
la albaicinera soprano
cuya melodiosa voz
sublimaba lo cantado.
Las “Canciones populares”
que tiempo atrás musicara
Federico García Lorca,
y al piano interpretadas
con la dulce Argentinita
de afinación atiplada,
las arregló Manuel Cano
para versión en guitarra.
Numerosas grabaciones
de Cano hemos heredado
siendo “La suite granadina”,
para lo flamenco clásico,
partitura laudatoria
de un intimismo nostálgico;
asimismo “Alcaicería”
con sus sonidos arábicos,
evocando la Granada
de un ayer islamizado
cuando Moraima y Boabdil,
presos de lujo y boato,
subían de Elvira a la Alhambra
en corceles enjaezados.
Como amante fidedigna,
su inseparable guitarra
que paseó por el mundo
con exquisita elegancia,
flameando el pabellón
de su patria y de Granada,
por lo que el Ayuntamiento
le otorgó Medalla Áurea
que, aunque póstuma, supuso
una deuda al fin pagada.
Su talento propició
tener la primera cátedra
que hubo en la universidad
dedicada a la guitarra,
introduciendo el flamenco
en aula universitaria
y otorgándole un estatus
que antes nadie imaginara.
Fue en la ciudad cordobesa
donde inició la enseñanza,
alcanzando un gran prestigio
con la esmerada didáctica
que utilizó al instruir
cómo tañer la guitarra.
En el Festival de Música
que se celebra en Granada
participó Manuel Cano
con su entrañable guitarra,
inundando de armonías
los jardines de la Alhambra
en cuyas fuentes salmodian
los susurros de las aguas.
En el lejano Japón
alcanzó estimable fama,
habiendo una fundación
dedicada a la guitarra
cuyo creador, Manuel Cano,
tuvo a bien el levantarla,
derivándose una escuela
que goza de gran prestancia.
Manuel Cano fue nombrado
Medalla de Andalucía,
que la Junta le otorgó
con la tardanza indebida,
costumbre que debe ser
cumplidamente extinguida
pues las distinciones son
para gozarlas en vida.
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ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
LXIII.-JOAQUINA EGUARAS IBÁÑEZ (Orbaiceta, 1897 -Granada, 1981).
Joaquina Eguaras Ibáñez,
una intelectual señera
tanto en la universidad
como en múltiples tareas
que, gracias a su talento,
esfuerzo e inteligencia,
ejerció con eficacia
los trabajos que emprendiera.
No vino al mundo en Granada
pues nació en Orbaiceta,
un bello pueblo enclavado
en la Navarra norteña,
pero apenas con dos años,
la familia pamplonesa
trasladose hasta Granada
convirtiéndola en su tierra.
Joven comenzó a estudiar
Magisterio, una carrera
que por entonces seguía
la línea que instituyera
el pedagogo Giner
que en su creación concibiera
la enseñanza al aire libre
en plena Naturaleza
donde los niños aprenden
mientras cantan, ríen y juegan,
lo mismo que Andrés Manjón
practicaba en sus escuelas.
Joaquina estudió después
Letras y Filosofía
y fue la primera alumna
en la facultad inscrita
porque hasta entonces, la ley
a las mujeres prohibía
ir a la Universidad
formalizando matrícula,
siendo, por tanto, pionera
en esto, doña Joaquina.
Culminó brillantemente
su nueva licenciatura
pudiendo impartir docencia
de Lengua y Literatura,
además de hebreo y árabe,
junto a otras asignaturas,
ya que sus conocimientos
brillaban a gran altura.
Es la primera mujer
que ejerció de profesora
en nuestra Universidad,
datación reveladora
y altamente manifiesta
de que fuese una persona,
además de inteligente,
tenaz y trabajadora,
todo un símbolo en su época
de una mujer rompedora.
Fue nombrada directora,
en mérito a sus trabajos,
del Museo Arqueológico
por la Carrera del Darro
que yace frente a la Alhambra
cual doncel ensimismado.
En la carrera del Darro
toda la Historia cabalga
por la iglesia de san Pedro,
por el convento de Zafra
y la Casa de Castril
que luce bella fachada
de figuras en relieve
y en profusión blasonada;
esta Casa de Castril,
la de la alcoba tapiada,
oculta la cruel leyenda
de una historia muy amarga
por los amores furtivos
de una doncella cristiana,
como denuncia la estela
inscrita en la balconada.
La docta doña Joaquina,
hebraísta y archivera,
partícipe destacada
de la Real Academia
dedicada a Bellas Artes
conocida como “Nuestra
Señora de las Angustias”,
encomiástica y dilecta,
tan prestigiosa en Granada
por su función académica.
Tuvo también el honor
de merecer la Encomienda
del monarca Alfonso “el Sabio”,
parabién con que se premia
su labor orientalista
en el campo de las letras,
tanto con las traducciones
como ejerciendo docencia.
Escribió una miscelánea
en lengua árabe y hebrea,
recibiendo distinciones
para que se conociera
el trayecto de una vida
en tantos casos pionera,
por lo que doña Joaquina
fue un ejemplo de entereza
que Granada reconoce
y como tal la recuerda.
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ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
LXII.-AGUSTÍN LARA (México, 1897-1970).
Hoy rememora el romance
al músico Agustín Lara,
que no nació en nuestra tierra
ni vivió o murió en Granada,
mas compuso una canción
tan linda como afamada,
conocida en todo el mundo
y en todo el mundo cantada.
Esta canción inmortal,
“Granada, tierra soñada”,
obra del compositor
mexicano, Agustín Lara,
que la musicó en América
sin haber visto Granada,
pero muy enamorado
de la ciudad de la Alhambra
al escuchar las beldades
que de su tierra contaba
un granadino emigrante
angustiado de nostalgia
por encontrarse tan lejos
de su querida Granada,
intentando mitigar
el dolor de la distancia.
Es lo mismo que ocurrió
con Debussy y con Falla
al componer bellas músicas
sin conocer aún Granada,
como “La puerta del vino”
y “En los jardines de España”,
deleitándose en las noches
donde se rizan las aguas
con bisbiseos cadenciosos
por el edén de la Alhambra.
La inolvidable canción
que compuso Agustín Lara
en inspirado arrebato,
un bello canto a Granada
con sus luminosos versos
rebosantes de metáforas:
la “flor de melancolía”,
“besos en boca de grana”,
el hechizo cincelado
por gitanos pura raza
espigados como juncos,
y bailaoras gitanas
de enigmática belleza
cimbreándose en las zambras,
cuando el desgarro del cante
se hace un nudo en la garganta
y los duendes culebrean
por el pecho y por la espalda.
Y de las tardes de toros
con calesas enjaezadas,
el cortejo a las mujeres,
requiebros en las miradas,
los mantones de Manila,
claveles en las solapas
y un carmesí atardecer
sobrevolando la Alhambra
mientras en el Albaicín
galantea una guitarra.
“Granada, tierra soñada”,
es canción de primavera
divulgada en todo el mundo
por solistas, por orquestas,
por corales, por rondallas
o por solos de trompeta
piropeando a Granada
con palabras que deleitan,
tejiendo “un marco de rosas
para la Virgen morena”.
En el teatro, en el cine,
en televisión, revistas,
los tenores más famosos
y las sopranos más divas
convierten esta balada
en la marca distintiva
de la ciudad de la Alhambra,
desde siempre tan querida,
consiguiendo que Granada
sea aún más conocida
pues no hay lugar en el mundo
que ignore esta melodía.
Múltiples son las versiones
musicadas de “Granada”,
bien en jazz, ópera o rock,
en flamenco o en una banda
desfilando por las calles
hasta acabar en la plaza;
o al piano, violín o saxo
o en acordes de guitarra;
o a viva voz en la fiesta
con los albores del alba…
se cante como se cante
siempre acaba ovacionada
con el público de pie
vitoreando a Granada.
Innumerables artistas
han entonado “Granada”,
desde Manolo Escobar
a Bocelli o Frank Sinatra,
desde Plácido Domingo
a Elvis Presley o Mario Lanza,
de Pavarotti hasta Kraus,
de Joselito a Baccara,
todos los grandes cantaron
esta canción emblemática
convertida hoy en el himno
de la ciudad de Granada
que el profesor Luis Megías
tan sutilmente adaptara.
En la placeta del Ángel,
por Los Vergeles anclada,
a este músico poeta
lo inmortaliza una estatua
frente a la luz rutilante
que emite Sierra Nevada.
Valgan estos octosílabos
en rima romanceada
para rendir homenaje
al músico Agustín Lara,
que, aunque fuera mexicano,
se enamoró de Granada
escribiendo una canción
de melódica elegancia.
………..
“Granada,
tierra soñada por mí,
mi cantar se vuelve gitano
cuando es para ti…”
Versión de ‘Granada’ por Javier Solís, considerada la más icónica y emotiva:
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ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
LXI.-SOR BEATRIZ (Siglo XVII). SOR ANA (Siglo XVIII)
Sor Beatriz en el Barroco,
sor Ana en el Clasicismo,
dos religiosas clarisas,
hijas del concepcionismo,
que vivieron y murieron
en siglos consecutivos
pero en el mismo convento
de clausura granadino.
Una, sor Ana Verdugo,
otra, sor Beatriz de Enciso,
ambas monjas franciscanas
viviendo en siglos distintos,
mas, también diferenciadas
en los rasgos distintivos,
pues sor Beatriz visionaba,
y sor Ana escribía libros
poetizando en la razón
los versos de su lirismo.
Era el Santo Ángel Custodio
el nombre de este convento,
que en la ciudad de Granada
tuvo un gran predicamento
pues con la Contrarreforma
hubo un notorio incremento
de monjas en los cenobios
y frailes en monasterios.
Sor Beatriz llegaba al éxtasis
o se sumía en un trance,
enajenaciones, raptos,
praxis sobrenaturales
con visiones demoníacas,
otras veces, celestiales,
igualmente, levitando
en ansias paranormales
que tenían sobrecogidos
los muros conventuales.
La historia de sor Beatriz
cada día adquiría más fama
y el sobresalto corría
por las calles de Granada
atribuyéndole rasgos
y condiciones de santa,
suscitando reconcomios
turbulentos en las almas
de granadinos afectos
a milagrerías fantásticas.
Todos la querían ver,
no sólo verla, tocarla,
y comprobar si en sus manos
había estigmas o llagas,
o que hiciera algún milagro
o que a un enfermo sanara.
Eran tiempos del Barroco
que todo lo exageraba,
surgiendo en torno a la monja
expectativas fundadas
con portentosos supuestos
de una mente visionaria,
pero que tenían en vilo
a la ciudad de Granada.
Sobrepasó su leyenda
las fronteras provincianas,
arribando hasta el convento
personas de toda España
para ofrecerle a la monja
sus exvotos y plegarias,
falleciendo sor Beatriz
entre loores de santa.
En el siglo XVIII
con sor Ana fue distinto,
era el Siglo de las Luces,
regía el Neoclasicismo
con la ley de la razón
imponiendo su dominio,
rechazando las quimeras
de cualquier contrasentido
ya que aquí los sentimientos
no eran tema preferido
porque la diosa Razón
ejercía su predominio.
Sor Ana tuvo aptitudes
de escritora y de pintora
y ambas las desarrolló
desde su vida de monja
en la celda del convento,
siendo el “ora y el labora”
lo que marcaba sus días
y perfilaba las horas.
Fueron loados sus cuadros
por el estilo y las formas,
y sus poemas lograron
una fama tan notoria
que llegó a ser valorada
entre eruditas personas
del elenco literario
cual la versificadora
más versada, más selecta,
más delicada y armónica
de aquellos años reglados
por la razón y sus normas.
Entre el exceso barroco
de retorcida semblanza
y la luz de la razón,
consecuente y mesurada,
estas dos monjas clarisas
tienen vivencias marcadas,
aunque con rutas distintas
y en el tiempo, distanciadas,
siendo Sor Ana, una artista
de pluma exquisita y clara
y sor Beatriz, una monja
que en vida quiso ser santa,
vistiendo las dos el hábito
de clarisas franciscanas.
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