VIII.- ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS de JUAN JOSÉ GALLEGO TRIBALDOS.
Romances del LXXI al LXXX Clic en el nombre
LXXII.-ENRIQUETA LOZANO VELÁZQUEZ LXXI.-Fray Juan Sánchez Cotán
ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
LXXII.-ENRIQUETA LOZANO Y VELÁZQUEZ (GRANADA, 1829-1895 ).
Doña Enriqueta Lozano,
una escritora romántica
que en el siglo XIX
nació y vivió en Granada,
siendo la literatura,
en su dimensión más amplia,
lo que ocupó su existencia
y dio plenitud a su alma.
Desde joven adquirió
formación autodidacta
pues talento y voluntad
son los valores que enmarcan
la vida de esta escritora,
inquieta y apasionada,
con más de doscientas obras
en su creación literaria.
“En la tumba de mi madre”,
la primigenia poesía
que a Enriqueta le editaran
cuando aún era una niña
con apenas quince años,
y a los dieciséis publica
su primera obra teatral
que en Granada estrenaría
como autora y como actriz
de ésta su ópera prima.
Antes de cumplir los veinte
Enriqueta alcanzaría
la plaza de profesora
como premio a su porfía
y enseñó literatura
en escuelas femeninas
inculcando el sentimiento
del amor a la poesía.
Fue socia del Centro Artístico
con una presencia activa
y en cuestiones culturales
anduvo participativa
colaborando en los actos
que desde el Centro se hacían
pues el afán por saber
la hizo muy competitiva.
Escribía asiduamente
en la prensa y en revistas,
siendo también nominada
de Granada y la provincia
como cronista oficial,
que puntualmente ejercía
en reportajes, artículos,
comentarios y entrevistas.
Citando un par de novelas,
“La paloma de los cielos”,
“Juan, hermano de los pobres”,
múltiples obras en verso,
diversas piezas dramáticas,
que compendian el acervo
de esta escritora de raza
ensimismada en sus sueños.
Pedro Antonio de Alarcón,
el novelista accitano,
mantuvo amores secretos
con Enriqueta Lozano,
relación que se rompió
al tener ella muy claro
sus creencias religiosas
y compromiso cristiano,
mientras que el escritor era
incrédulo consumado,
aunque su actitud cambió
con el paso de los años
mutando a conservador
tras ser revolucionario.
Enriqueta se casó
y tuvo hasta doce hijos,
lo que nunca le impidió
su propensión a los libros,
ni su quehacer literario
lo obstruyó ningún motivo
pues fue escritora fecunda,
hija del Romanticismo.
Redactó novelas, cuentos,
artículos y leyendas,
argumentos para óperas
y libretos de zarzuelas,
distintas piezas dramáticas
teatralizadas en fiestas,
tipo “Moros y cristianos”,
al aire libre la escena
que en la fragosa Alpujarra
en pueblos se representan,
como es el caso de Válor,
la cora de Abén Humeya.
Todas sus obras teatrales
están escritas en verso,
usando los octosílabos
en el tratamiento métrico
pues su cadencia melódica
hace fácil aprenderlos
y así poder recitarlos
con ampuloso fraseo.
Le adjudicaron el alias
de la “Safo granadina”
por su gran creatividad
tanto en prosa como en lírica,
con una literatura
heterogénea, vastísima,
melancólica en exceso,
romántica y sensitiva.
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ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
LXXI.-FRAY JUAN SÁNCHEZ COTÁN (Orgaz, 1580- Granada, 1627 ).
El pintor Sánchez Cotán,
beato fraile cartujano,
a quien las musas divinas
decidieron guiar sus manos
para plasmar la belleza
catequista de sus cuadros.
El monje Sánchez Cotán,
cartujo contemplativo,
fiel a la autenticidad
tanto en su naturalismo
como en la luz y matices
orlados de tenebrismo,
bosquejó con sus pinceles
lienzos que han marcado un hito
en la pintura monástica
a lo largo de los siglos.
El lego Sánchez Cotán
no vino al mundo en Granada
sino en un pueblo afincado
en las tierras toledanas
donde enterraron a un conde,
según el Greco resalta,
con caballeros enjutos
de barbas mustias y canas
y un par de santos del cielo
ascendiéndolo en volandas.
Pero fue nuestra cartuja,
por Ainadamar anclada
en una almunia nutrida
con aguas de la Alfaguara,
el cenobio en que vivió
y donde fray Juan pintara
unas espléndidas telas
que es un gozo contemplarlas.
Entre tantas colecciones
que de pinturas monásticas
en frescos, retablos, lienzos,
se han realizado en España,
la de fray Sánchez Cotán
es difícil mejorarla.
Un extraordinario artista
de humildades cartujanas,
donde el ora y el labora
es siempre liturgia máxima
del caminar de las horas,
de los maitines, al alba,
en vísperas y completas
cuando ya es noche cerrada,
por lo que el fraile pintor
tuvo vida y muerte santas
y en loor de beatitud
le encomiendan las plegarias,
mientras la fuente se emboza
en ascética bonanza
y el silencio vocifera
por las celdas enclaustradas.
Sus naturalezas muertas
y bodegones realistas
son de técnica impecable,
con matices tan veristas
que sólo están al alcance
de este seráfico artista
cuyas obras engrandecen
la Cartuja granadina.
“El bautismo de Jesús”,
“Descanso en la huida a Egipto”,
son dos lienzos asombrosos
de un preciosista lirismo
que en los altares del coro
a los legos concedido,
lucen en estado puro
su inconfundible realismo.
También en el presbiterio,
sobre la Pasión de Cristo,
y en los austeros espacios
otros cuadros descriptivos
de la Historia de la Orden
con marcado rigorismo.
Por el frontal de una sala
donde estuvo el refectorio,
destaca una cruz pintada
al estilo trampantojo,
con un realismo tan grande
que pájaros candorosos
se aposentan engañados
en su inocente alborozo.
En otra estancia se muestran
los sanguinarios martirios
que los cartujos sufrieron
por mor del anglicanismo
en tiempos de Enrique VIII,
cuyo rasgo distintivo
fue la crueldad extrema
y el carácter vengativo.
La fuerza naturalista
que se resalta en sus cuadros
con los rostros compungidos
de frailes en albos hábitos
nos refleja la maestría
de este pintor cartujano,
recordando a Zurbarán
por sus deslumbrantes blancos.
En la Sala de Profundis,
un san Pedro y un san Pablo
de impresionante realismo
en un fingido retablo,
enaltecen sus figuras
los tornasoles cromáticos.
El Museo de Bellas Artes
de la colina alhambreña
lienzos del fraile cartujo
en su recinto se muestran,
alternando con artistas
de la más alta excelencia
que nacieron o vivieron
en nuestra querida tierra.
Los retratos, los paisajes,
los bodegones con cardos,
los asuntos religiosos,
la excelsitud de sus cuadros
hacen de Sánchez Cotán
un pintor extraordinario.
La hermosura de un barroco
con la esencia granadina,
deslumbra por su belleza
en la sin par sacristía
que reluce en la Cartuja
cual estrella matutina
con la imagen de un san Bruno
en plena transición mística.
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