IX.- ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS de JUAN JOSÉ GALLEGO TRIBALDOS.
Romances del XC al C Clic en el nombre
XCIII.-Domingo Sánchez Mesa XCII.-Tosé Ruiz de Almodóvar XCI.-San Juan de la Cruz XC.-Tortajada
ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
XCIII.-DOMINGO SÁNCHEZ MESA (Churriana de la Vega 1903 - Ganada 1989).
El escultor Sánchez Mesa,
de nombre propio, Domingo,
nacido en la fértil vega
del entorno granadino
al amparo de la sierra,
ya destacó desde niño
por las figuras de barro
que modelaba con mimo
en los juegos infantiles
avizorando el destino,
para después regalarlas
a familiares y amigos.
Escultor e imaginero
de la Escuela Granadina,
aquella tradicional
de las épocas antiguas,
donde el estilo barroco
era la seña y la guía
en las tallas religiosas,
angustiadas y afligidas.
Sus padres, agricultores
sin vinculación artística,
pero en Domingo arraigó
una vocación creativa
que la familia avivó
con emoción contenida
y de joven lo trajeron
a la ciudad granadina
para iniciar los estudios
que su aptitud exigía
en el arte del dibujo,
con clases de anatomía,
escultura, modelado
en la madera y la arcilla
siendo Eduardo Espinosa
maestro que lo llevaría
por la senda de los clásicos
a la alta imaginería.
Los brillantes escultores
del barroco y sus escuelas,
como fue José de Mora,
Risueño o Pedro de Mena,
se alzaron como modelos
de Domingo Sánchez Mesa
en el rigor anatómico,
cromatismo en la madera
y la expresión de unos rostros
dolientes en su tristeza.
Su periodo más creativo
se produjo en la posguerra
por la multitud de encargos
que el artista recibiera
para reponer imágenes
en cofradías e iglesias
al haberlas destruido
en la terrible contienda,
que había asolado España
con frenética crudeza.
Vandalismo en las iglesias,
imágenes mutiladas,
los retablos destrozados
en una feroz insania
intentando cercenar
la simbología cristiana
que a lo largo de los tiempos
vino a enraizarse en España.
Y todo, ¿a cambio de qué?
Pues todo a cambio de nada
ya que los daños causados
poco a poco se subsanan
y la fe de los cristianos
ante el dolor se realza.
El escultor Sánchez Mesa,
en la centuria pasada
mantuvo la tradición
escultórica en Granada
con la aportación de imágenes
para la Semana Santa,
además de en su ciudad,
en la de Jaén y Málaga,
también en diversas sedes
como Motril, Vélez Málaga,
Almuñécar, Almería
y otros lugares de España.
La Virgen de las Angustias,
tan querida en Vélez Málaga,
que Domingo Sánchez Mesa
con realismo restaurara,
procesiona cada año
al llegar Semana Santa
inundando Carmelitas
de saetas y plegarias,
mientras perfuman la noche
los aromas de biznagas
y mujeres con mantilla
manifiestan su elegancia
acompañando a la Virgen,
Santa Madre Coronada,
cuya cofradía veleña
con gran amor la realza
y en la iglesia de san Juan,
de magnífica portada,
la Virgen de las Angustias
transmite fe y esperanza.
En Escolapios, Granada,
Cristo de la Expiración,
de cuidadosa armonía,
naturalista expresión,
excelsa policromía
que desfila en procesión
por la vera del Genil
junto al paseo del Salón
cuando la Semana Santa
vive sus días de Pasión.
A Domingo Sánchez Mesa
le otorgaron la medalla
de oro, que, aunque póstuma,
justamente fue otorgada
por su labor escultórica
en el taller de Granada,
donde ofrendó su maestría
al modelado de tallas
e imágenes religiosas
de un realismo siempre en alza.
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ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
XCII.-JOSÉ RUIZ DE ALMODÍVAR (Granada 1867, 1542- 1942).
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José Ruiz de Almodóvar
es un pintor granadino
excelente en el retrato
y en los paisajes idílicos
con que Granada se adorna,
tanto en sus rincones íntimos
como en parajes excelsos
de exultante cromatismo,
por la Alhambra, por la Sierra
o por el Albaicín místico,
donde bulle la belleza
en pletórico delirio
ante la luz armoniosa
y el misterio del hechizo.
José Ruiz de Almodóvar,
pintor, que, desde pequeño
adoraba dibujar,
y de joven, aprendiendo
en reputados talleres
con excelentes maestros
de la escuela granadina
como fue Gómez Moreno.
Mas tuvo su propio estilo
reconocido en los lienzos
de retratos y paisajes
perdurables en el tiempo
en su Granada, en España,
también en el extranjero,
pues por Londres y París
alcanzó un notable éxito.
Profesor de Artes y Oficios,
diputado y académico,
el pintor Ruiz de Almodóvar,
un hombre polifacético
con sus labores de artista
y la presteza en su tiempo.
Miembro de la celebérrima
“Cofradía del Avellano”,
con seudónimo “Ciprés”
en el argot tertuliano,
cuando Ángel Ganivet
era el capitán del barco
a finales de aquel siglo
que tantos desastres trajo.
Tertulias que debatían
sobre divino y humano
teniendo siempre Granada
como gran argumentario,
proyectando hacia el futuro
más que mirar al pasado,
pues el latir español
parecía estar agotado
con los conflictos venidos
de territorios cubanos,
Filipinas, Puerto Rico
y el Estado Americano.
Retrato de Ganivet
y del poeta Zorrilla
son dos muestras relevantes
del arte y de la maestría
con que Ruiz de Almodóvar
el bello oficio ejercía,
dominando los pinceles
en gestos, color y línea.
Pintó también los retratos
de los rectores magníficos
de nuestra Universidad
con un depurado estilo
en la expresión de los rostros
y el matiz característico,
junto a la atención prestada
hasta el detalle más mínimo.
Sus pinceles describían
con total veracidad
las imágenes pictóricas,
donde cabe destacar
los rasgos identitarios
y la personalidad
de quienes para él posaron,
siendo un maestro en captar
sobre todo, las miradas,
plenas de locuacidad.
Los retratos al pastel
y sus lienzos de la Alhambra
son las muestras genuinas
que Almodóvar patentara,
con rasgos sobresalientes,
donde su técnica alcanza
un eminente nivel
de excelencia demostrada
como pintor destacado
en la historia de Granada
que tantos grandes artistas
dejaron huella tan alta.
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ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
XCI.-SAN JUAN DE LA CRUZ (Fontiveros, 1542- Úbeda, 1591).
El santo Juan de la Cruz
no vino al mundo en Granada
pues nació en Fontiveros,
de la provincia de Ávila,
pero fue nuestra ciudad
quien con fervor lo albergara
por el Campo de los Mártires
al socaire de la Alhambra,
donde frailes carmelitas
en un convento moraban
con ascetismo cristiano
bajo las normas monásticas.
Este Campo de los Mártires
en sus jardines se encalma
abalconado al Genil
y a las montañas nevadas,
magnificando en su estilo
los parajes de la Alhambra.
El apéndice “de Mártires”,
como su nombre proclama,
evoca tristes sucesos
acaecidos en Granada:
cuando Castilla tomó
la medina musulmana,
descubrieron con horror
este lugar de la Alhambra
donde cientos de cautivos,
en mazmorras socavadas,
apenas sobrevivían
en condición infrahumana,
la mayoría, enfermos,
los otros, agonizaban
y de ahí, lo de los mártires,
muertos por su fe cristiana.
Tras la Toma se erigió
en este sitio un convento
donde san Juan de la Cruz
fue prior por mandamiento
a lo largo de unos años
e, inspirado por el cielo,
escribió con arrebato
entre cilicios y rezos,
sublimando nuestra mística
como un paradigma excelso.
Dejando los carmelitas
el mencionado convento,
se levantó aquí un palacio
como casa de recreo
que se fue modificando
a lo largo de los tiempos,
siendo el Carmen de los Mártires
un espacio muy ameno
con jardines suntuosos
y el agua siempre corriendo
por las versallescas fuentes
que enmarcan el monumento.
El santo Juan de la Cruz,
poeta del Renacimiento,
en el campo de la mística
fue un lírico tan excelso
que, con la santa Teresa,
más que en la tierra, del cielo
manaban dulces poemas
de alegórico embeleso
pareciendo ser rimados
por copistas arcangélicos.
A la sombra de un magnolio,
junto al cedro que sembrara,
escribió la excelsitud
de “Noche oscura del alma”,
con las estrofas más místicas
que nadie jamás creara
cuando el ventalle mecía
cipreses, chopos y acacias
y en el cielo las estrellas
rutilaban hasta el alba.
En Granada como en Úbeda
dejó una profunda estela
el santo Juan de la Cruz,
cuya excelsitud poética
es cumbre del misticismo
y orgullo de nuestras letras.
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ROMANCERO DE PERSONAJES GRANADINOS
XC.-LA TORTAJADA. Mª DEL CONSUELO TAMAYO HERNÁNDEZ (Cabezón Pisuerga , 1876- San Fe, 1957).
Nacida junto al Pisuerga,
la Tortajada decía
haberlo hecho en Santa Fe
de la vega granadina,
donde el Darro y el Genil
con sus aguas inseminan
las cadenciosas choperas
cuando las mece la brisa
que baja desde el Veleta
hasta la Sierra de Elvira.
Consuelo Tamayo Hernández,
llamada “La Tortajada”,
fue cantante cupletista
que adquirió notoria fama
en los años iniciales
de la centuria pasada.
En Barcelona estudió
canto, música y baile,
y al cumplir catorce años
formó un trío de cantantes,
teniendo bastante éxito
en diversos recitales,
aunque pronto lo dejó
por el mundo deleitable
de revista y “varietés”
ya por sí más excitante,
tan de moda, por entonces,
para actrices y cantantes.
Debutó con quince años
en el soñado París,
y tras Francia, vino Europa,
Norteamérica y Brasil,
viajando incluso a Sudáfrica,
del uno al otro confín,
coronada por el éxito,
el lujo y el buen vivir.
La imagen de Tortajada
se imprimía en fotopostales
que la gente remitía
como envíos epistolares,
convertida ya en un ídolo
de raíces populares
apareciendo su imagen
en vitrinas por las calles,
en tabernas, en saraos,
ventanas y escaparates.
Por Nicolás, zar de Rusia,
y el gran káiser de Alemania
fue la artista granadina
altamente agasajada,
viajando incluso hasta Roma,
para en sede vaticana
recibirla Pío X
en una audiencia privada,
como prueba del renombre
que alcanzó “La Tortajada”.
Consuelo Tamayo Hernández,
la popular “Tortajada”,
tan picaresca y tan grácil
que todo lo iluminaba
subida en el escenario
porque bailaba, cantaba
y tañía los instrumentos
con inigualable gracia.
Tras el éxito en París,
que la elevó hasta la fama
no quiso nunca actuar
en los teatros de España,
salvo en mil novecientos seis
que sí lo hizo en Granada,
en el teatro Cervantes
por la plaza de Mariana,
mas, con una condición,
dejando la cosa clara,
que el dinero recaudado
a los pobres se entregara,
la mitad en Santa Fe,
la otra mitad, en Granada.
Entre Londres y Berlín
vivía “La Tortajada”
disfrutando de los éxitos
que sus artes le donaban,
mas con treinta y tantos años,
de manera inesperada,
abandonó el espectáculo
para venirse a Granada
viviendo con su marido
una vida de casada
en un bello palacete
de la plaza la Mariana,
que al tiempo lo derribaron
demostrando la ignorancia
de incompetentes ediles
regidores de Granada.
Pronto las contrariedades
arribaron a la casa
al fugarse su marido
con una de las criadas,
esquilmándole el dinero
de varias cuentas bancarias,
dejando a la gran artista
en situación muy precaria.
Consuelo “La Tortajada”,
arruinada y deprimida,
se trasladó a Santa Fe
y allí concluyó la vida
de quien había alcanzado
una fama indiscutida
por Europa y por América
en su calidad de artista,
no sólo con los cuplés,
también como bailarina,
siendo historia singular
la de esta santaferina
que, tras sus tiempos de gloria
y los lujos de una diva,
conoció las aflicciones
más ingratas de la vida.
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